Durante la Revolución Mexicana, las mujeres desempeñaron roles determinantes que rompieron con los esquemas de sumisión de la época, participando activamente tanto en la logística como en el combate directo. En Tlaxcala, así como en otros estados, existieron caudillas que, a pesar de no ser plenamente reconocidas, realizaron aportaciones significativas al movimiento. Tradicionalmente, a las mujeres se les asignaron tareas como la alimentación de los rebeldes, sus cuidados médicos y el acompañamiento durante las incursiones militares.

​Una figura central en este contexto fue 𝘾𝙖𝙧𝙢𝙚𝙣 𝙑é𝙡𝙚𝙯, 𝙘𝙤𝙣𝙤𝙘𝙞𝙙𝙖 𝙘𝙤𝙢𝙤 "𝙇𝙖 𝙂𝙚𝙣𝙚𝙧𝙖𝙡𝙖", quien se levantó en armas durante la revolución maderista. A finales de mayo de 1911, operaba en los distritos tlaxcaltecas de Hidalgo y Cuauhtémoc.

Tras la ocupación de las fuerzas de Isidro Ortiz, quienes dejaron la plaza en condiciones de "completo desorden y destrucción", Carmen Vélez se dirigió a Zacatelco. Bajo el mando de "La Generala", la población permaneció bajo su control durante un periodo de 40 horas. Posteriormente, un día después a las 9 de la noche, la jefa revolucionaria y sus tropas hicieron su entrada en la población de San Bernardino Contla.

Su paso por poblaciones como San Bernardino Contla y Amaxac de Guerrero propició cambios de autoridades locales y la abolición de impuestos.

​En junio de 1911, ante su avance hacia Santa Cruz Tlaxcala, el gobernador del estado intentó detenerla enviando al teniente coronel Cruz Guerrero. Durante una entrevista con el mandatario, la jefa revolucionaria aclaró que su lucha también perseguía la liberación de su hermano, Uriel Vélez, quien se encontraba en prisión.

Finalmente, el Congreso concedió la libertad a su familiar a cambio de la rendición y el desarme de sus tropas. A pesar de sufrir persecuciones posteriores en 1913 por parte de Rafael Cuéllar, Carmen Vélez mantuvo su compromiso con la causa maderista hasta el final.

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